Azul Rubén Darío

Hoy se cumple el 146º aniversario de  Rubén Darío.

Siempre me llamó la atención el protagonismo que le dio al color, Azul, El pájaro azul…

Son algunos de los títulos de sus poemas.

Sin mujer la vida es pura prosa.

El eterno femenino puede tornar humano lo divino.

 Google le dedica un sincero homenaje: 146º aniversario del nacimiento de Rubén Darío

Rubén Darío saltó a la fama por  “Azul”, un libro de influencia parnasiana compuesto por diversos cuentos en prosa y diferentes textos poéticos que tanto se recreaban en las estaciones anuales como laudaban a algunos de sus escritores favoritos en sus inicios como literato, sea Leconte de Lisle, Catulle Mendès, Walt Whitman o Salvador Díaz Mirón.

De influencia francesa, el autor nicaragüense residente en Chile , influyó mucho en un paisano mñio, Don  Juan Valera.  En una carta que remitió a Darío tras enviarle éste el libro para su oportuna consideración.

Me llama la atención el colorido de su obra “El rubí”, “El pájaro azul” significan la delicadeza del joven Rubén Darío (tenía 22 años cuando escribió este libro) en la elección del léxico, el afán escapista de tono melancólico en muchos de sus temas, la musicalidad de sus ritmos y la exuberancia sensorial de carácter amoroso y panteísta, con alusiones mítico-fantásticas, imaginerías naturales y sentimentales ; centauros, cisnes, lujo, primaveras, palidez, ensueños líricos…

 

Estival

La tigre de Bengala
con su lustrosa piel manchada a trechos,
está alegre y gentil, está de gala.
Salta de los repechos
de un ribazo, al tupido
carrizal de un bambú; luego a la roca
que se yergue a la entrada de su gruta.
Allí lanza un rugido,
se agita como loca
y eriza de placer su piel hirsuta.

La fiera virgen ama.
Es el mes del ardor. Parece el suelo
rescoldo; y en el cielo
el sol inmensa llama.
Por el ramaje oscuro
salta huyendo el kanguro.
El boa se infla, duerme, se calienta
a la tórrida lumbre;
el pájaro se sienta
a reposar sobre la verde cumbre.

Siéntense vahos de horno:
y la selva indiana
en alas del bochorno,
lanza, bajo el sereno
cielo, un soplo de sí. La tigre ufana
respira a pulmón lleno,
y al verse hermosa, altiva, soberana,
le late el corazón, se le hincha el seno.

Contempla su gran zarpa, en ella la uña
de marfil; luego toca,
el filo de una roca,
y prueba y lo rasguña.
Mírase luego el flanco
que azota con el rabo puntiagudo
de color negro y blanco,
y móvil y felpudo;
luego el vientre. En seguida
abre las anchas fauces, altanera
como reina que exige vasallaje;
después husmea, busca, va. La fiera
exhala algo a manera
de un suspiro salvaje.
Un rugido callado
escuchó. Con presteza
volvió la vista de uno a otro lado.
Y chispeó su ojo verde y dilatado
cuando miró de un tigre la cabeza
surgir sobre la cima de un collado.
El tigre se acercaba.
Era muy bello.
Gigantesca la talla, el pelo fino,
apretado el ijar, robusto el cuello,
era un don Juan felino
en el bosque. Anda a trancos
callados; ve a la tigre inquieta, sola,
y le muestra los blancos
dientes; y luego arbola
con donaire la cola.
Al caminar se vía
su cuerpo ondear, con garbo y bizarría.
Se miraban los músculos hinchados
debajo de la piel. Y se diría
ser aquella alimaña
un rudo gladiador de la montaña.
Los pelos erizados
del labio relamía. Cuando andaba,
con su peso chafaba
la yerba verde y muelle,
y el ruido de su aliento semejaba
el resollar de un fuelle.
Él es, él es el rey. Cetro de oro
no, sino la ancha garra,
que se hinca recia en el testuz del toro
y las carnes desgarra.
La negra águila enorme, de pupilas
de fuego y corvo pico relumbrante,
tiene a Aquilón: las hondas y tranquilas
aguas, el gran caimán; el elefante,
la cañada y la estepa;
la víbora, los juncos por do trepa;
y su caliente nido,
del árbol suspendido,
el ave dulce y tierna
que ama la primer luz.
Él la caverna.
No envidia al león la crin, ni al potro rudo
el casco, ni al membrudo
hipopótamo el lomo corpulento,
quien bajo los ramajes de copudo
baobab, ruge al viento.

Así va el orgulloso, llega, halaga;
corresponde la tigre que le espera,
y con caricias las caricias paga,
en su salvaje ardor, la carnicera.

Después, el misterioso
tacto, las impulsivas
fuerzas que arrastran con poder pasmoso;
y, ¡oh gran Pan! el idilio monstruoso
bajo las vastas selvas primitivas.
No el de las musas de las blandas horas
suaves, expresivas,
en las rientes auroras
y las azules noches pensativas;
sino el que todo enciende, anima, exalta,
polen, savia, calor, nervio, corteza,
y en torrentes de vida brota y salta
del seno de la gran Naturaleza.

II

El príncipe de Gales va de caza
por bosques y por cerros,
con su gran servidumbre y con sus perros
de la más fina raza.

Acallando el tropel de los vasallos,
deteniendo traíllas y caballos,
con la mirada inquieta,
contempla a los dos tigres, de la gruta
a la entrada. Requiere la escopeta,
y avanza, y no se inmuta.

Las fieras se acarician. No han oído
tropel de cazadores.
A esos terribles seres,
embriagados de amores,
con cadenas de flores
se les hubiera uncido
a la nevada concha de Citeres
o al carro de Cupido.

El príncipe atrevido,
adelanta, se acerca, ya se para;
ya apunta y cierra un ojo; ya dispara;
ya del arma el estruendo
por el espeso bosque ha resonado.
El tigre sale huyendo,
y la hembra queda, el vientre desgarrado.
¡Oh, va a morir!… Pero antes, débil, yerta,
chorreando sangre por la herida abierta,
con ojo dolorido
miró a aquel cazador, lanzó un gemido
como un ¡ay! de mujer… y cayó muerta.

III

Aquel macho que huyó, bravo y zahareño
a los rayos ardientes
del sol, en su cubil después dormía.
Entonces tuvo un sueño:
que enterraba las garras y los dientes
en vientres sonrosados
y pechos de mujer; y que engullía
por postres delicados
de comidas y cenas,
como tigre goloso entre golosos,
unas cuantas docenas
de niño tiernos, rubios y sabrosos.

Lee todo en: Estival – Poemas de Rubén Darío http://www.poemas-del-alma.com/estival.htm#ixzz2IJqXmYq2

 

Fuente: AlohaCriticón

 

Oh! Pobre poeta,
que en su cerebro encarcela un pájaro azul.
Poeta pobre ¡oh!
si lo quiere liberar
Pobre ¡oh! poeta
En el primer día de la primavera,
al cielo despedirás azul pájaro.

Al azul cielo pájaro,
volarás cuando del
¡oh! poeta pobre te quieras liberar.

Azul cielo-azul pájaro.
Porque el poeta ¡oh! pobre,
la puerta de la jaula abrirá.

Foto: soledadesmequitan.blogspot.com

Foto: alohamariacereza.blogspot.com.es

 

 

®

Sobre el color…

 

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