Un paisaje llamado Ailanto

El crítico de arte Clarival do Prado Valladares, afirmaría de forma clara: “Roberto es un pintor que usa plantas como tinta y un terreno como lienzo”. Con estas palabras, el artesano se dirigía a su gran amigo, el paisajista brasileiro de renombre internacional, Roberto Burle Marx. Diecinueve años después de su fallecimiento, los hermanos Muñoz se hacen con el sistema de formas y colores, las intricadas formas geométricas y la yuxtaposición de pegadas biomorfas propias de este artista brasileiro. ¿El resultado? Una colección coherente con su anterior propuesta hibernal, que camina al ritmo de la sencillez de las formas y el cuidado de los estampados.

 entree

Poco después de la llegada del eufórico público al pabellón en el que se celebraría el desfile, la pasarela se descubría para dejar a la luz una combinación de refulgentes bloques de color delimitando formas geométricas perfectas. Puro art decó sobre el que delicadas modelos pasarían un collage de prendas que encajarían de manera coherente y perfecta en su conjunto, y que recordaba tremendamente al visto en su propuesta hibernal. Las bases de su colección se fundamentarían en la combinación de estampados geométricos y detalles florales, jugando de forma hipnótica sobre un fondo plano. El legado de Burle Marx se encontraba aquí con el de la artista Sonia Delanuay, quien inspiraba su propuesta en la anterior edición, y cuyos estampados revolucionaron el mundo textil en los años 20.

 Shorts

Desde el comienzo, mientras nos movíamos al son de Arcade Fire, hasta finalizar tarareando sin querer la archiconocida Copacabana, Ailanto hizo gala de una delicada colección, de líneas sencillas y coherentes, que refulgía con luz propia entre colores salidos de la propia flora brasileira, a saber: el azul calathea, verde acacia, naranja heliconia, marfil magnolia, malva jacaranda, azul marino iris y teja árbol de coral. Una explosión de tonalidades que se conjugaba entre un combinado de figuras geométricas y formas orgánicas que, lejos de ser aleatoria, aunaba fuerzas para sacar al exterior una sensualidad natural y atemporal.

 Minivestidos

Entre su propuesta, destacada presencia de los monos con líneas ‘oversize cargados de dinamismo y movimiento, así como de los pantalones anchos de talle alto y líneas rectas basadas en elementos masculinos, mientras minivestidos ligeros y faldas de silueta lápiz devolvían la sensualidad femenina a este juego de proporciones. Como podréis ver, muchas de estas prendas vendrían acompañadas de imponentes abrigos de corte clásico, cazadoras deportivas y gabardinas.

 Monos

Los tejidos utilizados jugaban de nuevo a la contraposición, en este caso, entre materiales refulgentes y mates, así como elementos lisos y texturas ricas. Predilección por la muselina de seda y el crepe de viscosa, así como el georgette (tejido fino y transparente, generalmente de seda, que puede simular incluso un granulado) con rayas de lúrex, el jacquard gofrado con efecto tridimensional, el guipur, algodón plastificado y bordados sobre organza.

 Texturas

Si el día era propicio para que las féminas sacasen a relucir sus piernas, la noche fluye entre vestidos largos, escotes corazón, insinuantes transparencias y cinturas definidas. En ese instante, el sempiterno dúo blanco/negro hacía acto de presencia dispuesto a coronar las noches de estío. Y cuando se daban la vuelta, nos percatábamos de algo. De manera discreta y muy sutil, sus mujeres seducen de espaldas, con pronunciados escotes en V en la parte trasera de sus prendas.

 LargosLargo 2Detalles espalda

Entre los detalles, cabe destacar la presencia de los clutches en formato XXL de cuidados estampados, a juego con el print característico de la chaqueta, así como los magníficos collares esmaltados o las vertiginosas cuñas sobre las que caminaban las modelos.

 Detalles collaresClutches

Estoy segura de que Burle Marx estaría feliz de ver a cuántos ámbitos del arte ha llegado su impactante legado paisajístico. Y después de presenciar una colección de tamaña frescura y atemporalidad, a pesar de los guiños a la década de los cincuenta y setenta, sé que Clarival do Prado podría sentenciar hoy: Los hermanos Muñoz son artistas que usan la aguja como tinta y la tela cual lienzo”.

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