Diario de estilos: El estilo de Lourdes Grau, Directora de Hotel

Citados en uno de los elegantes salones del prestigioso  hotel de lujo que dirige,  esperamos a Lourdes Grau, ejecutiva de éxito, apasionada de las pequeñas cosas que nos ofrece la vida y madre. Más de dos décadas y una carrera plagada de muchos y merecidos éxitos, abalan la trayectoria profesional que hoy quiere compartir con todos nosotros. Sin más preámbulo y tras haber compartido con ella un sinfín de risas y confidencias durante el transcurso de esta entrevista, quiero presentaros a una profesional volcada durante más de dos décadas al servicio de una empresa que le ha visto crecer  tanto como empleada como persona.

“A lo largo de la vida las personas evolucionamos y con nosotros, nuestros gustos, pese a que un estilo se define día a día en función de las tendencias imperantes de cada temporada, con el paso del tiempo y el transcurso de los años terminamos convirtiéndonos en prácticas y funcionales.”

Huyendo de toda superstición se proclama una enamorada del amarillo. La vitalidad que este tono cálido radia a la vida le dota de energía y de ganas por emprender nuevos retos. Pese a que por motivos profesionales no se trata de un tono que pueda adaptar con facilidad a su estilo, reconoce que intenta llevar o rodearse siempre de algo amarillo que le aporte energía. No es algo que tan sólo le suceda con este color en cuestión, el rojo y el granate también le acompaña en más de una ocasión. Por lo general suele sentirse atraída por los tonos cálidos en combinación con el negro.

En cuanto al día a día de su ejercicio profesional su armario se caracteriza por piezas sobrias, en su gran mayoría trajes sastre de impecable patronaje, en tonos neutros, tierras, negros o de la gama de los grises y un calzado cómodo pero elegante. El constante ajetreo al que se siente sometida durante su jornada laboral no le permite alzarse en sofisticados tacones de aguja, a la media hora sería incapaz de ir de aquí para allá subida en ellos, pese a que le encantan, en su trabajo prefiere llevar tacones más bajos y cómodos.

Tras su paso por la competencia nos comenta que sus inicios en la compañía dieron comienzo en el departamento comercial de la misma. Tras asentar las bases de un estilo propio durante más de una década dirigiendo otro hotel de la cadena, motivos personales le obligaron a regresar a la Ciudad Condal volviendo a empezar desde cero, hecho que le ha permitido generarse una completa visión panorámica desde todos los ángulos de la empresa y le ha permitido conocer los engranajes del motor de su  funcionamiento desde dentro.

En un sector tan competitivo como este es muy importante saber hacer equipo. Una de las virtudes innatas con las que un gerente debería nacer es la saber delegar y valorar las aptitudes de cada miembro del personal por encima de todo. Ella es consciente de que desempeña una función que desde su posición le obliga a ser capaz de actuar a modo de nexo de unión conciliador entre la vida personal y laboral de todos ellos para que puedan dar y ofrecer lo mejor de si rindiendo al máximo.

Con el tiempo uno debe de ser capaz de crear una atmósfera óptima y productiva en la que predomine siempre el respeto, cuando esto se da, que no siempre es fácil, se respira mucho más tranquilo cuando se termina la jornada, se cierra la puerta  y cada uno se marcha hacía su casa.

A las ocho en punto, leyendo los resultados del ejercicio del día anterior da comienzo la mañana. Las cifras son las encargadas de marcar el ritmo. El día es como la partitura de una canción en la que el pentagrama es la jornada y cada huésped es el encargado de marcar el ritmo. Más tarde toca visita obligada al restaurante, el epicentro del hotel, si allí todo está en orden ya puede respirar más tranquila antes de reunirse con los jefes de cada departamento.

Al día siguiente nada es igual al anterior, cada día es único y singular. Siempre pasa algo y el factor sorpresa en ocasiones resulta una pesada losa que cargar a lo largo de la jornada. El secreto consiste en saber relativizar, habitualmente suelen ser anécdotas divertidas y agradables con las que esbozar una sonrisa, tanto a media mañana como en mitad de la noche.

Un par de días en semana, se pone cómoda e inicia una exploración por las habitaciones supervisando que todo esté en orden, detectando posibles desperfectos y tomando nota de posibles mejoras. Hoy casualmente toca inspección y decidimos acompañarla. Aunque pueda resultar difícil de creer, pasear con ella por los pasillos se convierte en toda una aventura. Conoce a todo el mundo, lo más sorprendente es que la mayoría son huéspedes. Quien les prueba una vez, repite. Curiosamente se encuentra alojado un cliente que hace más de veinte años que visita el hotel, un catalán que desde hace años reside en Alemania y que cada tres meses visita Barcelona siempre alojándose en el hotel.

Se acerca la hora de comer y nos dirigimos al comedor de la primera planta a probar la nueva carta del restaurante, una selección de platos que rinde homenaje a los clásicos más conocidos de la historia del hotel maridados con una excelente selección de cócteles de autor.  Pese a que todo presenta un aspecto más que apetecible en esta ocasión prefiere pedir pescado al horno, otro de los puntos fuertes de la cocina junto con el steak tártar.

Entrando en su faceta más personal, la de madre, nos habla de sus hijos y de lo importante que es para ella poder conciliar estas dos facetas de su vida. Pese a que no existe una imagen más bella y emotiva que la de ver dormir a un hijo al llegar a casa, reconoce que le habría gustado poder llegar media hora antes para desearles las buenas noches, aunque muchas veces le esperan despiertos, es por la mañana cuando más tiempo les dedica.

Si tan sólo pudiese quedarse con un aroma sería de las rosas, es su olor favorito desde niña, pese que a lo largo de su vida a utilizado varios perfumes, reconoce que sería incapaz de vivir sin poder oler una rosa, la flor reina por excelencia de sutil y suave apariencia e intenso olor.

Dicho esto tan sólo nos queda dar las gracias a Lourdes Grau por su tiempo y por haber compartido con todos nosotros su percepción sobre la moda.

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