De Jon para Mila.
Hoy he amanecido con la cabeza en el verano y con el cielo en los pies. Era un sueño en la playa y estaba yo solo o con mucha gente, delante de una noche recién estrenada. Cuando he querido quitarme las legañas y correr a contártelo, ya te habías ido, y por eso he decidido enseñártelo aquí.
El caso es que en mi sueño el mar estaba tranquilo y el sol muy naranja. Hacían buena pareja. Y por eso después de desayunar, he pensado en ponerme encima las últimas horas de luz. Luego todo el tiempo pensando en esto. Y ahora que vamos a cenar, mataría por un delantal con la puesta de sol más bonita del mundo. ¿Estoy obsesionado?
La respuesta es sí. Pero también tranquilo. Como ves, no soy el único.
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De Mila para Jon.
Desde que comes todos los días fuera de casa, me preocupa tu alimentación. Sándwiches fríos con sabor a plástico blando, bolsas de patatas fritas al por mayor y fast food con exceso de velocidad: así te imagino durante tu hora del almuerzo. Si me dices que me equivoco, paro de escribir ahora mismo. Calla ahora o habla para siempre. ¿No? Vale. Pues entonces sigo.
Como te iba diciendo, la comida es súper importante. A mí, que me encanta cocinar (y comerme lo que cocino) se me atraganta la idea de que de alguien pueda dejarse algo en el plato. Por eso, cuando me enteré de que existe esto, me volví loca:
Susan Yuen
Se llama bento y es un invento japonés. El siguiente nivel al tupper de toda la vida. La idea lo tiene todo: alimentos equilibrados, presentación original y la garantía de que vas a ser la envidia de la oficina. No sé tú, pero yo quiero.
X Olimpo
Just Vento
Bento Lunch
Archi-Tokyo
Kitty Hell
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Siempre he pensado que si algo está muy de moda es que ya no lo está. Por eso, hoy no voy a hablarte de lo que todo el mundo habla. Ni colores fosforitos ni salir a la calle en pijama: ahora lo que de verdad se lleva es hacerse pequeño. ¿A que esto te apetece más que comprarte un subrayador amarillo con cara de camiseta que digievolucione en horterada tras un par de centrifugados locos?
El caso es que las personas mayores, ésas que no pueden ver a los elefantes dentro de las boas cerradas, quieren ser niños. Mucho. A tope. Más que nunca. Hasta tal punto que a la moda, el otro espejo del alma, se le transparentan las ganas. Como por ejemplo. Estampados de cochecitos. Peluches en las zapas. Uñas locas. Calcetines impares. Pestañas de muñeca, rebecas del revés o mochilas para llevar la merienda. Porque, esta temporada, la tendencia mejor guardada es que hay que ensuciarse las rodillas.
Prada Real Fantasies SS/12
Jeremy Scott para Adidas SS/12
Nails From The Block
David Delfín SS/12
Louis Vuitton SS/12
The Sartorialist
Lazy Oaf
Pero ni se te ocurra confundir la parte con el todo; que yo no digo que para estar a la última haya que hacerse una manicura de seis esmaltes o colgarse el sándwich de nocilla a la espalda. Eso supondría volver al principio, a los booms que mueren de éxito, a la paleta neón de copia y pega en mil escaparates (igual que cierto jersey que se compraron todas). Lo que digo es que hay que volverse infantil. Y que la moda, tal y como yo la entiendo, no tiene nada que ver con ponérselo porque sí.
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