Jacqueline de Ribes: ‘The art of style’

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Cuando estuve en la Gran Manzana, tuve la gran suerte de poder asistir a la exposición de Jacqueline de Ribes en el Museo Metropolitan de New York.

Me dirigí directamente a la gran sala donde se encontraba la colección, pasé por un laberinto de pasillos, una exposición de Egipto y por unas cuantas escaleras hasta llegar a ella, donde presidía un autorretrato en letras rojas y en mayúsculas “EL ARTE DEL ESTILO”.

Tengo que admitir que no conocía a esta señora, ni  su vida, ni su colección pero cuando fui a verla me volví una adicta, necesitaba saber más de ella y su vida me asombró.

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 Jacqueline de Ribes nació en Francia, hija de los condes de Beaumont.

Su tío la llevó por primera vez a visitar el salón de costura de Christian Dior, donde empezó a interesarse por la moda y el diseño. Empezó a tener curiosidad por los desfiles y acudía a todos.

Se volvió un personaje muy importante en la alta sociedad y era invitada a todos los eventos de moda. “Siempre llegaba tarde, excelentemente maquillada, vestida y peinada. No daba tregua a las demás señoras de la alta sociedad, mostrando sin pudor su cuello de cisne y sus ojos debidamente maquillados”, así hablaba Oscar de la Renta sobre ella.

Se casó con 19 años con Édovard de Ribes. Por aquel entonces se decía que solo tenía dos vestidos de alta costura. Hoy en día tiene  más de 400 piezas tanto de haute couture y prêt-á-porter en su closet.

Era famosa por su figura, de largas piernas y fracciones egipcias, lo que enamoró a diseñadores como Yven Saint Laurent en París y Diana Vreeland en New York, convirtiéndola en su Musa.

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En una de sus visitas a New York conoció al diseñador Oleg Cassimi y empezó a colaborar en sus diseños. Años más tardes colaboraría también con Emilio Pucci.

Antes de que Jacqueline empezará a diseñar sus propias colecciones, contrataba a modistas de alta costura para crear prendas personalizadas para ella.

Una vez que se introduce en el mundo textil, su casa se convierte en un gran almacén de ropa. Su fiel mayordomo le ayudaba en el planchado, etiquetado y fotografiando cada una de las prendas de su colección. Contrata a un joven que plasmaba sus bocetos, llamado Valentino.

Valentino la describe como “Una mezcla de gran elegancia parisina y el encanto de una diva”. Su amistad sigue perdurando en los años.

En los años 70 comenzó la modificación de estos vestidos para crear elaborados trajes para fiestas de disfraces.

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Vivía entre París y New York, donde conoció no sólo a grandes diseñadores sino también artistas internacionales como Dalí, quien le influyó en algunos de sus diseños.

Jaqueline empieza a clasificar sus vestidos  de prêt-a- porter y en 1983 abre su propia casa de moda.

La exposición cuenta con cerca de setenta conjuntos de alta costura y prêt-a- porter principalmente de su archivo personal, desde la fecha de 1959 hasta la actualidad.

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 Jacqueline de Ribes fue una duquesa que ansiaba  por crear, por diseñar su propia colección hasta convertirse en una de las grandes diseñadora de su tiempo. Su largo cuello y su expresión de reina hicieron mucho para convertirla en el icono que es hoy. Yves Saint Laurent se dirigía a ella como el “unicornio de marfil”.

A pesar de estar retirada, la propia industria poco a poco le ha hecho volver al punto de mira.

El primero fue Jean Paul Gaultier, quien le dedico su colección de alta costura en 1999, llamada ” Divina Jacqueline”.

Para concluir con la  exposición entre la penumbra de la salida, se ve  frases escritas en la pared que refleja todo lo que ella sentía por la moda.

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Frases como estas:

“Debes recordar que nunca vas a ser atractiva para todo el mundo.

Eres atractiva para alguien o para él que todavía no está.

Totalmente desnuda no es ser atractiva.

El arte  debe sugerir.

Deja que las personas tengan su fantasía.”

 

 

 

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