España no es Inglaterra, eso lo tenemos claro. Y mientras allí los hombres visten americana y camisa como quien viste el chándal, sobre todo en las grandes capitales, aquí parace que sólo conocemos esto último. A pesar de que estamos viviendo una vuelta al dandismo y el buen vestir de épocas pasadas, parece que esta tendencia no termina de llegar y arraigar en nuestro país, todo será porque estamos ahí al fondo a la izquierda del mapa europeo.
Calzarse un traje, o al menos la americana, no es algo cómodo, pero como no lo es nada. ¿Os acordáis cuando desembarcaron los pitillo o el corte straight fit (algo más ancho)? Todos se sentían demasiado raros, la tela tan pegada a la pierna, adiós a los cortes holgados, etc., y ahora es lo que visten la mayoría de chicos. Algo similar pasa con cada una de las tendencias que se introducen en el mundo masculino y, si no lo han hecho las prendas de sastrería, puede ser porque aquí las reservamos para ocasiones más arregladas o por vergüenza al típico comentario de “¿Dónde vas así? ¿De boda?’, sin apenas reparar en que esa persona las está vistiendo simplemente porque le apetece.
Mientras todo este problema se solventa en España, nosotros nos vamos fijando en pequeños detalles que pueden marcar la diferencia cuando el traje hace su aparición. Si ya cuesta verlo más allá del ámbito de negocio, cuando se debe llevar “por obligación” el resultado peude ser aún peor. Desaliñado, sin ganas, sin aprecio por los complementos y, en definitica, un aspecto de dejadez.
La otra horma del zapato