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21ene 13

20 AÑOS SIN AUDREY

Ayer domingo se cumplieron 20 años del fallecimiento de Audrey Hepburn. Pocas mujeres han marcado tanto la historia del cine y de la moda como ella. En una época en la que triunfaban bellezas imponentes como la de Sofía Loren o Marilyn Monroe, Audrey supo ganarse el cariño y la admiración de hombres y mujeres de todo el mundo gracias a su sencillez, su elegancia, su discreción y su encanto natural.

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Muchos serán los artículos, post y homenajes varios que veréis dedicados a la figura de Audrey Hepburn estos días. Yo, que siempre he sido más de Marilyn (por divertida y gamberra) que de Audrey,  no podía dejar de dedicarle unas líneas por todo lo que ha supuesto para el mundo de la moda. Más de 50 años después de su memorable “Desayuno con diamantes”, Audrey sigue siendo un icono de moda y, no nos engañemos, muchos saben de la existencia de un tal Givenchy gracias a la inolvidable Holly Golightly.

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Como no podía ser de otra forma, vamos a fijarnos en sus zapatos. Frente al desparpajo y la sensualidad de Marilyn Monroe sobre sus tacones de Ferragamo, Audrey Hepburn supo conquistar dentro y fuera de la gran pantalla con sus eternas bailarinas, mocasines y, como mucho, los llamados “kitten heels”, tacones de apenas 4 ó 5 cm de altura, hiperfemeninos y elegantes:

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Con una modestia infinita (que a veces rozaba la poca autoestima) se consideraba un “patito feo” y una mujer sin atributos suficientes para triunfar en el cine ni en el amor.  Y, aunque en el cine sí que triunfó, es cierto que en el amor no tuvo tan buena suerte. En 1954 se casó con Mel Ferrer, junto al que pasó 14 años llenos de éxitos profesionales (en gran parte gracias a él) y tuvo a su hijo Sean. Para su primera boda, Audrey eligió un sencillo diseño de Pierre Balmain y una corona de flores naturales. No necesitaba más adornos, aparte de su maravillosa sonrisa, para un resultado espectacular.

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Poco después una preciosa y enamorada Audrey (vestida de rosa por su amigo Hubert de Givenchy) daba el “sí, quiero” al psiquiatra (y vividor) italiano Andrea Dotti, padre de su segundo hijo, Luca. Las continuas infidelidades de él y las tormentosas rupturas y reconciliaciones desembocaron, siete años después, en un doloroso divorcio.

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Y, como se suele decir, a la tercera va la vencida, alcanzó la felicidad en sus últimos años junto a Robert Walders, al que definió como “el amor de su vida”:

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Hace 20 años nos dijo adiós, pero su imagen de “niña buena”, su dulzura, su sonrisa, sus películas y sus maravillosas fotografías nos acompañarán siempre.

Eterna, Audrey.

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9 comentarios

  1. LAVAZZA

    Hoy si que me has tocado la fibra.. mi adorada Audrey, como no adorarla… Genial sobre unos mini tacones o en bailarinas,estilo esa es la palabra.
    Genial post y genial actiz y mujer.
    Besitos y feliz lunes

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  2. totalmente de acuerdo contigo: eterna, Audrey.
    precioso post.
    besos
    Mireia

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  3. Preciosa!! Me encanta,tan sencilla y con esa clase! Siempre taan ideal!! Buen pooost!!;)
    Muuua

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  4. De las pocas capaces de caminar elegantemente con bailarinas y calzado plano en general…estudió baile muchos años, y era capaz de deslizarse como un cisne aún con alpargatas….

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  5. Audrey era un encanto, ademáses de las mias, con bailarinas y kitten heels. muchos bsss

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  6. Qué gran post, Estefanía. Está claro Audrey marcó una clara tendencia en el vestir. Y gracias a Dios. Porque Marilyn sería muy divertida, pero sin alternativa a sus exuberantes escotes…! jajaj

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  7. Ayyy qué post más bonito Estef!

    ¿Así que se casó por segunda vez de rosa bolena? mira qué maja (aunque fuera con ese diablo!).

    La verdad es que decir que era guapa, es un pecado. Audrey es mucho más… desprendía algo que nadie más ha tenido, ¡nunca!…

    Un besazo y hasta el próximo post! :)

    Ana B.

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  8. Aquí estoy después de un parón obligado por el trabajo, con más ganas q nunca de leerte!
    Aunque los zapatos no son precisamente lo q más me gustaba de Audrey, te ha quedado un post precioso, y es q tienes razón en lo de q a ella sólo le hacía falta sonreir. Era la elegancia personificada!
    Besín!
    Marta.

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