Aunque seamos amantes de todo lo digital es inevitable mirar atrás y, de vez en cuando, retomar el contacto con el mundo analógico.
En nuestro día a día llenamos tarjetas de memorias de imágenes que podemos ver, editar o eliminar de forma inmediata. La realidad se capta tan rápido que ha perdido la magia que guardaba lo analógico. Con las cámaras lomo recuperamos eso que ya casi nadie siente: desenrollar un carrete que sustituye los gigas por película fotográfica, esperar semanas para ver una foto, no saber si hemos salido con los ojos cerrados o calcular cuántas imágenes faltan para poder cambiar el carrete. Y a veces de una cajita de plástico pueden salir imágenes como estas.
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