Una joven adolescente de secundaria se cansó un día de no reconocer a sus ídolos en las revistas, de sentirse alejada de aquellas chicas con las que se supone debe sentirse identificada. El motivo, el exceso de retoque fotográfico. Muchas voces se han alzado antes sobre este problema, pero ha sido la joven Julia Bluhm de 14 años la que ha dado un golpe de efecto suficiente para que la noticia de la vuelta al mundo. Esta chica lanzó una petición online, en concreto contra la revista Seventeen, y ha conseguido el apoyo de 84000 usuarios. La mencionada publicación se ha visto obligada a revisar su política fotográfica. Pero la marea contra el exceso de fantasía fotográfica en las imágenes de mujeres y adolescentes en publicaciones llamadas femeninas continúa y el próximo objetivo es Teen Vogue.
Todas estamos acostumbradas a ver imágenes más bien “irreales” si somos asiduas consumidoras de revistas de moda. El problema parece más grave cuando las publicaciones van dirigidas a chicas que tienen su cuerpo y su mente en pleno cambio, y la cosa se acentúa si en el papel ven reflejadas a otras adolescentes tan retocadas, que casi parecen muñecas.
La moda, el cine, el espectáculo en general, nos vende fantasía, aceptamos este acuerdo tácitamente, pero ¿dónde están los límites? ¿Realmente estas mujeres ya bellas necesitan ser tan retocadas que acaben pareciéndonos dibujos? juzgad vosotros mismos,puesto que los ejemplos abundan:
el caso se da también en hombres
¿es malo que nos demos cuenta de que son humanos?
Internet nos ha traído mucho nuevo, bueno y malo. En este caso la democratización de la moda, la ventana abierta para todos, para mirar y para ser vistos, rompo una lanza aquí por las egoblogers. Esas chicas que nos muestran la moda de las mujeres reales de la calle. No sustituyen a los editoriales de moda, los complementan, y nos enseñan valientemente a cara descubierta, la otra cara de la moda y de los cuerpos reales, chicas “ego” no perdáis vuestra esencia. Ellas y chicas como la joven Julia Bluhm, nos demuestran que una persona, o muchas unidas gracias a las nuevas comunicaciones, pueden marcar la diferencia.
¿Dónde están los límites entre lo bello y lo excesivamente artificial?
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