Aguayo, 60 años de tradición joyera y platera

Casi 60 años instalados en el corazón del madrileño barrio de Salamanca han convertido a Aguayo Joyería y Arturo Platería, socios desde principios de los años sesenta, en todo un emblema. De abuelas a madres e hijas, generación tras generación han visitado este espacio para elegir desde su anillo de pedida, a hacer la lista de boda, reparar sus joyas familiares o adquirir otras nuevas. Y es que excepto relojería, a lo que nunca se han dedicado, “no hay nada que se les resista”, como asegura una de sus actuales propietarias.

Tradición e innovación han sido las claves para que seis décadas después este espacio siga siendo un continuo entrar y salir de clientes. Además, reconocidas modelos como Eugenia Silvia, Ariadne Artiles o Teresa Bacca lucen con frecuencia en sus apariciones joyas Aguayo.

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Cuando Mario Aguayo Gutiérrez abrió su joyería tenía como jefe de taller a Arturo Morcillo que se dio cuenta de que había un demanda y necesidad que la mayoría de las joyerías no cubrían y era tener integrado el taller. De esta forma dos negocios familiares, -que hoy continuan sus respectivos hijos, Mario Aguayo y Eva y Sagrario Morcillo-, se unieron dando lugar al actual modelo de negocio basado en joyería, platería y taller. La actualización de joyas es de hecho una demanda frecuente.

Diseñan sus propias colecciones siguiendo el sistema tradicional, montan los moldes de cera siguiendo un proceso muy artesanal que se hace en la propia joyería, controlando de principio a fin el proceso de producción. “La joya es una pieza en la que nos dejamos el alma, y tiene una parte de tradición maravillosa” señala Sagrario Morcillo.

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Una de sus “especialidades” es el platino. “No lo trabajan mucho las joyerías porque es un metal que aunque es duro, es blando a la vez, a la hora de meterle el limatón es como si tuviera un freno. Esto es por la densidad del platino y solo lo trabajan los joyeros antiguos, hay que tener mucha experiencia. Se acabará perdiendo el oficio” señala el actual jefe de taller. En platino se trabajan sobre todo sortijas de pedida y solitarios, pero se puede hacer de todo y además no requiere mantenimiento. “El color es puro y por eso es tan apreciado”, apostilla.

El amplio abanico de precios es otra de las características de Aguayo, siendo posible encontrar desde pendientes de 30 euros hasta la pieza más exclusiva, como una sortija de pedida con un zafiro de 3 kilates y pico de 78.000 euros. Otra de las piezas icono, a la venta, es una corona de brillantes realizada por Arturo Morcillo y con la que se casaron sus hijas. “Los clientes siguen encargando coronas y tiaras, incluso adpataciones de pulseras antiguas de brillantes pertenecientes a sus familias que se adaptan como tiara, y luego se desmontan para poder seguirlas usando como pulseras”, relata Sagario Morcillo.

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Engastadores, fundidores, plateros, esmaltadores, grabadores, enfiladoradores Aguayo cuenta con un privilegiado equipo de artesanos. “Los engastadores que retallan pideras es un oficio que se está perdiendo. Trabajamos con varias fundiciones porque tenemos un volumen de trabajo muy grande, aunque somos una tienda pequeña”, destaca el actual jefe de taller.

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Aunque la piedra estrella siempre es el diamante, “en Aguayo nos gusta el color y crear piezas divertidas. Se trabaja mucho con esmeraldas, rubíes...”, apunta Eva Morcillo.

La última apuesta de Aguayo ha sido la apertura en la planta superior del local de un exclusivo espacio donde atender de forma más privada a los clientes que así lo deseen.

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