Guillermo De Osma: “Fortuny era un artista que diseñaba trajes”

El historiador del arte y galerista Guillermo de Osma era un joven estudiante cuando descubrió unos maravillosos grabados con temas con temas wagnerianos, un tema muy poco frecuente en grabados. Resultaron ser de Mariano Fortuny y Madrazo (Granada, 1871-Venecia, 1949) hijo del conocido artista, del que los ficheros de la Academia de Bellas Artes solo guardaban un obituario señalando su muerte en un palacio de Venecia.

La pasión por la obra del polifacético artista no dejó de crecer a partir de entonces, siendo actualmente De Osma uno de los especialistas más relevantes del mundo en la obra y vida de Fortuny. Acaba de publicar “Fortuny” (Editorial Nerea) una interesantísima monografía de gran formato en tapa dura, con más de 300 ilustraciones. 

FortunyDelphos con chaqueta tres cuartos. Créditos: Eduardo Momeñe

Es un enorme placer escuchar a Guillermo de Osma relatar las facetas más conocidas y las menos del que fue grabador, pintor, fotógrafo, diseñador de juegos teatrales, trajes e iluminación, y que están plasmadas a los largo de nueve capítulos de su libro: desde los años de formación del artista, a la influencia de su obra en el mundo actual detallada en el capítulo “Fortuny después de Fortuny”.

Fortuny1Mariano Fortuny en su biblioteca. Créditos: FMCV – Archivio Museo Fortuny

Se trata del relato artístico y vital de un joven Fortuny que llegó con 17 años a Venecia con su madre, tras pasar primero una temporada en París, para instalarse en el Palacio Pesaro degli Orfei, al lado de la Fundación Peggy Guggenheim.

“El impacto de Italia en su vida creativa fue enorme. Era una ciudad de gran tradición textil, una ciudad de paso entre Oriente y Occidente, -de hecho parte de su producción está inspirada en el mundo oriental-, una ciudad de artesanos, de estampadores”, señala De Osma.

Fortuny2Las tres hijas adoptivas de Isadora Duncan. Créditos: Guillermo de Osman

Sin duda el diseño patentado por el que es internacionalmente conocido es la mítica túnica Delphos. Pero el historiador del arte matiza: “Evito la palabra modisto, no era un modisto. Fortuny era un artista que diseñaba trajes”.

A principios del siglo XX los trajes de Fortuny eran muy revolucionarios, y el primer Delphos de 1907 era para mujeres muy modernas y atrevidas. Entre sus primera clientas estaban actrices y mujeres del teatro como Isadora Duncan o Sarah Bernardt.

Fortuny3-001Tercipelos de Fortuny. Credits: Eduardo Momeñe y Victoria and Albert Museum

Revolucionó los procesos de tintado y estampación de telas. El muestrario de colores del plisado era muy amplio y la originalidad del tintado es que lo aplicaba como si fueran veladuras del arte: gamas de azules, rojos, negros… eran todos diferentes.

Fortuny mantenía además siempre el misterio de sus técnicas. Nadie en la fábrica sabía todo, salvo él y su mujer Henriette. Ella llevaba el tema de los trajes, el lado creativo de moda. “Tenía mala experiencia con las copias, algunos de sus trabajos se habían copiado en Estados Unidos y en Alemannia y además como todo artista tenía mucho amor propio”, subraya el galerista.

La fábrica Fortuny sigue produciendo hoy en día en una isla frente a Venecia, y los estampados se siguen haciendo con la técnica Fortuny.

Fortuny7Créditos: Mickey Riad (Fortuny Inc.)

En los años setenta actrices como Geraldine Chaplin, Marisa Bereson o Lauren Hutton recuperan y ponen de  nuevo de moda los trajes de Fortuny.

Fortuny4La actriz Lauren Hutton. Créditos: Guillermo de Osma

“Pleats, Please”, es la colección que presentó Miyake inspirada en el Delphos de Fortuny para la temporada otoño/invierno de 1989.  Cuarenta años después de su muerte Fortuny seguía siendo todo un referente para diseñadores y museos.

El Museo del Traje de Madrid tiene una de las mejores colecciones del mundo de Fortuny. Sobre si la moda es arte Guillermo de Osma cree que “es una polémica interesantísima. El traje es para ser usado y tirado, excepto los trajes buenos que acaban en los grandes museos. Mi impresión es que Fortuny hacía trajes pensando que fueran obras de arte. Era un artista y no seguía los ciclos de la moda, las temporadas. No hacía desfiles, ni iba a las revistas”.

Fortuny5Desfile de Miyake. Créditos: Editorial Nerea

“Nuestro país es poco generoso con sus hijos pródigos, pero Fortuny no fue además un hijo pródigo porque donó el palacio de Venecia al estado español y hoy es un museo maravilloso. Es el único atelier de artista, palacio taller, que queda”, concluye el galerista.

“Fortuny” es sin duda una obra apasionante, en una encuadermación de lujo, imprescindible para todos los amantes del arte, de la moda, y de la cultura en su más amplio sentido.

Fortuny6

Editorial Nerea. 340 páginas. 318 ilustraciones. 24,5x 31 cm. P.V.P. 69,00 euros.

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